La Inteligencia Artificial en los negocios: cinco riesgos legales que nadie le está contando
La IA llegó a las empresas más rápido que la conciencia legal sobre cómo usarla. En este artículo comparto, desde mi experiencia como abogado corporativo, los cinco riesgos legales que todo empresario debería tener presentes antes de dejar que la inteligencia artificial toque sus contratos, sus datos y sus decisiones, y los tres pasos sencillos para gobernarla sin frenar la velocidad que la hace tan valiosa.
Por Mario Alberto Arias V. · Socio fundador
En los últimos meses he tenido más de una conversación con clientes, colegas y amigos que me cuentan, con genuina emoción, todo lo que están haciendo con inteligencia artificial: contratos, cotizaciones, presentaciones, campañas, análisis financieros. Y celebro esa velocidad. Pero cada vez con más frecuencia, esas conversaciones terminan con un “cuidado, revisa bien”, o con una pregunta incómoda: “¿esto tiene implicaciones legales?”.
La respuesta corta es sí. La IA llegó a los negocios más rápido que la conciencia legal sobre cómo usarla, lo que nos tiene a los abogados pensando, aprendiendo y atentos a legislaciones extranjeras que ya van un paso adelante. Estos son los cinco puntos que, en mi opinión, deberían considerarse en todos los negocios.
1. La propiedad de lo que la IA “crea”
En Panamá, como en la mayoría de las jurisdicciones, una obra generada exclusivamente por IA podría no generar derechos de autor a favor de nadie. Su logo, su copy publicitario, su código o su ilustración pueden no ser suyos en el sentido legal del término. Y peor aún, pueden incorporar material protegido de terceros usado durante el entrenamiento del modelo, exponiendo al negocio a reclamos que ni siquiera vio venir.
2. La confidencialidad y la protección de datos
Este es el riesgo más subestimado. Cargar contratos, estados financieros, información de clientes o datos personales a un modelo público puede violar el secreto profesional, la Ley 81 de 2019 sobre Protección de Datos Personales, o cláusulas de confidencialidad que la empresa ya firmó. En sectores regulados, como banca, salud, servicios financieros, contables y legales, la exposición sancionatoria es real.
3. Las “alucinaciones” con consecuencias contractuales
La IA inventa. Esto está más que probado. Inventa jurisprudencia, inventa cláusulas, inventa cifras, inventa citas. Cuando esas invenciones terminan en un contrato firmado, en una cotización enviada, en un escrito judicial o en una respuesta comercial vinculante, la empresa responde por lo que aceptó o aseveró, no por lo que la IA “quiso” decir. Todos hemos visto errores que habrían costado caros de haber pasado a la firma.
4. El deber de diligencia y la responsabilidad fiduciaria
Un director, un gerente o un profesional colegiado no puede delegar su juicio en una máquina. Las decisiones de inversión o de contratación, y las recomendaciones o trabajos profesionales sustentados exclusivamente en el output de una IA, sin revisión humana calificada, pueden configurar un incumplimiento del deber de diligencia y comprometer patrimonialmente a quien toma la decisión.
5. La IA en las decisiones laborales
Filtrar hojas de vida, evaluar desempeño o justificar un despido con base en un algoritmo suena eficiente, hasta que ese algoritmo produce un resultado discriminatorio o incoherente que su empresa tiene que defender ante el Ministerio de Trabajo o ante un juez. La responsabilidad por la decisión sigue siendo humana; la herramienta no la traslada.
No se trata de frenar, se trata de gobernar
La IA es una de las herramientas más poderosas que hemos visto en décadas, y no sugiero evitarla, al contrario, todos la usamos activamente. Lo que sí sugiero es dejar de tratarla como un juguete corporativo o una panacea, y empezar a gobernarla como lo que es: una tecnología que toca contratos, datos, decisiones y personas.
Tres pasos sencillos marcan la diferencia: una política interna clara sobre qué se puede y qué no se puede subir a estos modelos; la revisión humana obligatoria antes de firmar o publicar cualquier resultado; y una selección cuidadosa de herramientas empresariales que ofrezcan garantías de confidencialidad.
La velocidad es una ventaja competitiva. La velocidad sin criterio es un problema esperando a materializarse.
En Arias, Ábrego & López acompañamos a las empresas en el diseño de políticas de uso de inteligencia artificial, la protección de sus datos y la gestión de los riesgos legales que esta tecnología introduce. Si desea conversar sobre cómo gobernar la IA en su organización, estamos a su disposición en [email protected].
